
Los aficionados del Málaga se fueron de La Rosaleda con un sabor agridulce después de un empate que habrían firmado antes del partido. Un punto hubiera sido suficiente de entrada, pero la expulsión de Pablo Álvarez permitió pensar en un triunfo que no llegó. El equipo de Muñiz jugó mejor ante once que contra diez, pues en la segunda parte se estrelló con el muro edificado por Lotina para frenar a un Málaga que era superior. La posesión del balón siempre fue de forma mayoritaria para los locales, que ofrecieron un buen fútbol en el primer periodo, basado en un juego rápido y con continuas aproximaciones sobre la meta rival. Tras la reanudación todo cambió con el trabajo ultradefensivo de los deportivistas.
El equipo funcionó igual que siempre atrás, pese a las destacadas ausencias, con un centro del campo bien ubicado y con alternativas en las bandas. La sustitución de Javi López en el descanso (entró Obinna) restó mordiente ofensiva al equipo, pues el nigeriano demostró que está impreciso y escasamente coordinado con sus compañeros después de un mes y medio con su selección. El técnico sacó toda la artillería para ganar un partido que se presentaba franco por la expulsión de Pablo Álvarez. Coincidieron en el campo Obinna, Baha, Caicedo, Duda y Fernando. Pero el Deportivo se mostró infranqueable y los ataques locales se estrellaban siempre con el muro visitante. El Málaga, ya sin Benachour en el campo, tuvo que apostar por un fútbol más directo. De ahí que el equipo debiera conformarse con perder una buena oportunidad para el triunfo. Pero era imposible atravesar la red deportivista, organizada, ordenada y sin fisuras.
Pocas variaciones
Muñiz no sorprendió con los cambios. Tenía que hacer dos obligados por las bajas de Jesús Gámez y Weligton. Había varios candidatos para suplir al central, pues estaba claro que el lateral sería Manolo. Al final el técnico apostó por el repuesto natural, el de Stepanov, un jugador llamado a ser titular al comienzo de campaña. La única novedad estuvo centrada en la presencia de Mtiliga, que dejaba a Manu en el banquillo. No estuvo en el once inicial, sin embargo, Obinna. El resto del equipo fue el mismo, igual que el planteamiento propuesto por el entrenador malaguista.
El orden y la concentración fueron de nuevo las señas de identidad de un Málaga más cómodo en la clasificación en el arranque del choque. El centro del campo, como ante el Atlético, volvió a ser una de las claves para frenar a un Deportivo que llegó en zona europea y que aspira esta campaña a acabar en alguna de esas plazas. La intensidad defensiva, el trabajo de Javi López y Toribio, el sentido táctico de Fernando, la técnica de Benachour y la calidad de Duda permitieron a los malaguistas llevar el peso del encuentro desde el arranque.
Fernando, convertido en referencia del equipo, fue el autor de los tres primeros disparos sobre la meta contraria, aunque sin excesiva convicción. El equipo visitante no renunció al ataque, pero nunca anduvo cómodo. Juca, Antonio Tomás y el propio Pablo Álvarez no esperaban esa presión tan asfixiante, unida a más profundidad y verticalidad que otras veces. El Málaga ganaba a los puntos, pero el gol, pese a las aproximaciones, se resistió hasta el final.
El 'Dépor' intentó sacudirse el control malaguista pisando el acelerador de la intensidad, lo que lo llevó a cometer más faltas y la aparición de tarjetas. Incluso utilizando algunos malos modos en el campo. De ahí que la jugada clave de la primera parte llegara por esta vía, pues Pablo Álvarez fue expulsado tras tirarse en el área (quizá el árbitro le debía una segunda amarilla en una entrada a Stepanov).
Escaso acierto
Pero al Málaga le faltaba, como otras veces, pegada, acierto cara a la meta contraria para transformar las acciones o convertir en ocasiones las reiteradas aproximaciones. Incluso Stepanov tuvo que sacar el balón de debajo de los palos tras un error de Iván (fue la mejor ocasión rival). Aunque el equipo de Lotina, ante el empuje del rival, se vio obligado a renunciar al ataque. De hecho, nunca disparó sobre la meta defendida por Munúa en los noventa minutos de juego.
El Deportivo juntó algo más las líneas para defender el empate y, si aparecía, encontrar una salida exitosa en un contragolpe. El dominio malaguista ya no encontraba la profundidad del comienzo y las oportunidades eran más escasas o menos claras. La mejor, sin duda, fue un disparo al palo de Duda (muy parecido al primer gol en el Calderón) tras un centro de Fernando. Ahí pudo estar el partido, pero el portugués no acertó en esta ocasión.
El resto del partido fue una continua intentona que nunca acabó con éxito. El fútbol directo del final del choque tampoco fue eficaz por el escaso acierto de los delanteros de turno. Todo ello, con la permanente amenaza de los contragolpes rivales.
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